De Costa Rica a Nicaragua… ¡Y vuelta!

De Costa Rica a Nicaragua… ¡Y vuelta!

El año pasado aprovechamos unos días de menos trabajo para echarnos la mochila a la espalda y ver cómo viven más allá del charco, concretamente en Costa Rica y Nicaragua.

cascada_san_ramon_vacuum_mediaNuestro viaje comenzó en la ciudad de San José, donde pasamos un par de días con nuestra compañera Ruth, y nos fuimos en bus regular hasta la frontera de Nicaragua, y de allí a la isla de Ometepe, en el Lago Nicaragua. La isla de Omtepe está compuesta por dos volcanes, el Concepción y el Maderas, unidos por un istmo. Allí el tiempo se ha detenido, las carreteras son de tierra y viven personas hospitalarias, amables y siempre con una sonrisa en sus caras. La austeridad reina en la isla, conjuntamente con las buenas vibras. Primero nos dirigimos a un hostel que ostentaba el certificado de ecológico pero en cinco minutos fuimos devoradas por los mosquitos, así que cogimos nuestras mochilas e hicimos autostop hacia otro hostel que nos habían recomendado, El Caballito de Mar. Este hostel se encuentra dirigido por Fer, un catalán que lleva afincado en la isla once años, y feliz.

El Caballito de Mar se encuentra a orillas del Lago Nicaragua, llamado antiguamente por los colonos «el mar de agua dulce» por su inmensidad. Es tan grande que es el único lago de agua dulce donde habitan tiburones. Gracias a Fer y a los consejos de sus compañeros conocimos la cascada de San Ramón, situada en la pared sur del volcán Madera, a tres kilómetros del pueblo de San Ramón. La altura de la cascada es de 56 metros y para llegar son unas dos o tres horas de subida por la selva que rodea las laderas del volcán Madera. Esta selva es el hogar de un montón de animalitos, entre ellos varias familias de monos que nos acompañaron en trozos de la subida, aves peculiares e insectos de todos los tamaños y colores, para todos los gustos.

granada_nicaragua_vacuum_mediaTras tres días espectaculares en la isla, nos fuimos a visitar las ciudades de Rivas y Granada. Durante el día estuvimos paseando por su gigantesco mercado y su arquitectura colonial. Por la noche, nada que comentar más que suciedad y algunos disparos desafortunados entre pandilleros. Así que cogimos nuestras cosas y marchamos a San Juan del Sur en bus regular mientras secábamos nuestra ropa colgada de las ventanas con los locales se riéndose a carcajadas y cantándome cumpleaños feliz.

San Juan del Sur es un pueblo en el Pacífico sur de Nicaragua muy popular entre surfistas, sobre todo estadounidenses y australianos. Allí la fiesta está asegurada y los lugareños son encantadores, al menos con nosotras que remarcábamos una y otra vez que no éramos gringas. Las playas son de película, y más las que están alejadas del pueblo y a las que se debe acceder mediante todoterrenos ya que las carreteras no están asfaltadas. Nota importante para los defensores de las políticas medioambientales: ¡Olvidaros de todo lo que conocéis! En ninguna parte del país hay concienciación medioambiental, ni leyes ni nada parecido, por lo que la costa se encuentra con bastante basura.

bus Ostional NicaraguaNuestra última parada en Nicaragua, y la más emotiva, fue El Ostional (de Nicaragua, que en Costa Rica también hay una zona llamada así). Se llega con un bus que sale desde San Juan del Sur y se tarda casi dos horas por un camino de tierra y piedras como puños de jugadores de fútbol americano. Sólo estábamos nosotras y nuestras mochilas, no había ningún turista más. Nos quedamos en casa de una familia que alquila habitaciones, una de las escasas casas tal y como las conocemos, sin techos de hojalata, con electricidad y agua, aunque muy poca porque llevan cinco años de sequía.

Algo que nos llamó mucho la atención fue que no veíamos niñas por la calle, y los niños nos comentaron que se las llevan, las secuestran, así que las pocas que hay se quedan en casa con sus madres. La religión cristiana manda en el lugar, pero también el guaro (algo parecido al aguardiente) y la cerveza a las 10am.

playa_yankee_vacuum_mediaLos adolescentes del pueblo nos esperaban día y noche en la puerta de la casa y nos llevaron a playas de revista de moda de ropa interior, como Playa Yankee. Por lo visto, en esta playa se ha grabado alguna temporada del reality show Supervivientes en su versión estadounidense. Hasta que subió la marea, estuvimos las vacuuMers solas con nuestros nuevos amigos nicas, Cristian y Pato, de 17 y 25 años. A pesar de ser de la costa vasca, ninguna de nosotras había visto unas olas de esas dimensiones que comenzaban en forma de muro de nueve metros y acaban en una espiral infinita (perdón si no utilizamos la terminología correcta de olas, sólo somos observadoras y aficionadas). Nosotras no hacemos surf, pero sí estuvimos chapoteando como niñas y cogiendo olas a nuestra manera, además de recorrer la playa de lado a lado viendo galletitas de mar, o dólares de mar, vivas y fosilizadas, fraternizando con los monos y checkeando el fondo marino.

playa_yankee_vacuum_media_studio La hospitalidad del pueblo era tal que cada noche nos esperaban todos con la cena hecha, a pesar de que vivían con menos de lo justo para nuestra apreciación de la vida, nos llevaron a ver tortugas poner huevos durante la noche, a contar estrellas, a descubrir que las olas pueden brillar bajo la luna llena gracias al plactón que allí se aloja, y mil historias más. Las mañanas eran de los niños, que incluso venían a despertarnos a la cama con besos y abrazos, y nos llevaban a la playa sorprendiéndonos con su ingenio, su sinceridad infantil y preguntándonos más cosas de las que nos habíamos cuestionado alguna vez. Algo que no podían entender es que fuésamos chicas de nuestra edad sin estar casadas ni con hijos, no lo concebían como una posibilidad de vida.janire_vacuum_tortuga_nicaraguaDe allí salimos en ranchera con unos vecinos. Tanto entre los niños como entre los adolescentes y más mayores, había lágrimas, abrazos, palabras de cariño y, en repetidas ocasiones, un «hasta pronto», prometiendo que volveríamos, y lo haremos. El camino hasta la frontera con Costa Rica fue silencioso en el cajón de la ranchera, estábamos emocionadas, nos habían hecho un hueco en su corazón y nos habían robado el nuestro.

De la frontera, a cincuenta grados en la sombra, viajamos el resto del día en bus hasta Punta Arena, donde hicimos noche -por llamarlo de alguna forma a las seis horas que pasamos- y nos fuimos a Monteverde corriendo. En Punta Arena, ciudad portuaria industrial del Pacífico, se respira «mala vibra», las calles no son seguras y te observan fijamente con mirada hostil. El hostel fue una pesadilla sucia de la que salimos ilesas y con piernas, ya que el ventilador estaba a treinta centímetros de las que dormíamos en la litera de arriba.

Monteverde en el paraíso para los amantes de la Naturaleza en el más amplio sentido. Aire puro, todo limpio y recogido, centenares de especies diferentes de sapos, murciélagos, serpientes, arañas, aves, mariposas… ¡Jaguares! Sí cabe destacar que se encuentra repleto de mountain resorts y que se escucha más inglés que castellano, pero la experiencia merece la pena. Gracias a un amigo de nuestra compañera Ruth, hicimos una ruta nocturna por la jungla, pudiendo ver arañas lobo y matacaballos, pájaros carpinteros, una quetzal hembra, dimos de comer cucarachas a una tarántula con un culo más hermoso que el de La Ramona y escuchamos la mejor banda sonora para el insomnio.

Ya sólo nos quedaban los últimos días de ruta y, como no, nos fuimos directas a terminar el largo viaje al Caribe, más concretamente a Puerto Viejo. Todo el mundo nos había dicho que debíamos conocerlo y acabar ahí el viaje, excelente recomendación. ¡Gracias a todos/as los/as que nos hablastéis del lugar!

Puerto Viejo tiene mucha tradición jamaiquina y haitiana, por lo que la calma y el buen rollo dirigen el día a día de sus habitantes, entre los que hay también una chica de Logroño con una tienda muy molona de ropa en el paseo marítimo y otra de Asturias con una tienda de alquiler de bicis. Nos alojamos en el mejor hostel que hemos visto en nuestros viajes, el Rocking J’s. El hostel tiene un montón de posibilidades de alojamiento, hamacas compartidas, tiendas de campaña, habitaciones compartidas e individuales… Y lo mejor es que está a cincuenta metros de la playa y el ambiente es súper divertido. Un buen lugar para acabar el viaje.

Aquí os dejamos una breve muestra de nuestro paso por Nicaragua y Costa Rica grabado y editado por Ruth, nuestra artista audiovisual.

Janire M. Cabrera

janire@vacuummediastudio.com

Fundadora y CEO de Vacuum Media Studio

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