Conclusiones sobre el 8 de marzo

Conclusiones sobre el 8 de marzo

La jornada que vivimos el pasado jueves 8 de marzo ha sido catalogada como histórica, y no es para menos.

Centenares de miles de mujeres salieron a la calle para participar en celebraciones y manifestaciones en pro de la igualdad del género femenino con el masculino. De oriente a occidente, y de norte a sur, el clamo fue unificado ante una sociedad discriminatoria y machista que no tuvo más remedio que abrir los ojos, aunque muchos quisieran mirar a otro lado.

Manifestación en Londres

Como precedente, las anteriores manifestaciones anuales y, como ejemplo, la HUELGA que hace 43 años llevaron a cabo las mujeres islandesas en las que decidieron no trabajar (ni a nivel laboral, ni doméstico). Esto, junto con la gran cantidad de manifestantes, ha sido el factor que ha ayudado a que la reivindicación haya sido de las más transcendentales de la historia. Y es que en momentos de “orden”, el caos organizado es imprescindible para recordar a la sociedad aspectos tan fundamentales como la situación de desigualdad, discriminación y acoso que viven las mujeres alrededor del globo.

Reivindicación en la Val d’Aran

Se preveía que el 8 de marzo fuera un día significativo desde hace meses. Desde que cada vez más, las mujeres están perdiendo el miedo a callar ante las divergencias contra las que tienen que luchar cada día. Buen ejemplo de ello en occidente fue el movimiento #MeToo, mediante el cual la actriz Alyssa Milano animó a las mujeres víctimas de agresiones sexuales y acoso que rompieran su silencio para mostrar al mundo la cantidad de mujeres agredidas. El resultado fue devastador. Día tras día la cifra continúa creciendo pese a existir muchas de ellas que callen, bien por vergüenza o bien por miedo, por vivir en países en el que el nivel de tolerancia es muchísimo menor al que podemos tener en otros estados de Occidente.

8 de marzo en Quito

Como hombre, respaldo cualquier tipo de acción que vele por los derechos y la igualdad de las mujeres, pero considero que el dilema aparece al día siguiente. Como en muchas otras manifestaciones, el 9 de marzo se continúa viviendo como el 7 de marzo, y parece que nada cambia. Los políticos que el día de la mujer trabajadora se colgaban un crespón violeta, continúan abogando por que exista una brecha salarial. Continúan defendiendo a aquellas empresas responsables del techo de cristal y siguen apoyando un sistema patriarcal, capitalista y censurador. Desde la otra orilla, también soy consciente de que nosotros somos los primeros responsables a pie de calle para cambiar esta situación en los gestos del día a día y es por ello que considero fundamental llevar a la práctica un feminismo interseccional del que debe ser partícipe toda la sociedad.

La reivindicación en Barcelona

Por ello, que cada día sea 8 de marzo. Que las protestas y celebraciones nos sirvan para ser conscientes el resto del año de la situación de desigualdad que viven y han vivido nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras hermanas, nuestras amigas, nuestras compañeras. Está en manos de todxs construir una sociedad diferente en que la igualdad entre personas prevalezca en todos los ámbitos. Este día histórico ha sido sólo el principio. ¡Adelante!

Montse Estevez

montseestevez47@gmail.com
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